| Identikit del fumador |
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Fuma a escondidas, aunque sea adulto. Dice: “Mi esposa y mis hijos no saben que fumo. Hace un año hice un esfuerzo y dejé. Ellos me apoyaron mucho; estaban contentísimos. Yo no. Comencé fumando alguno en el trabajo. Creí que lo iba a controlar. Ahora me paso los fines de semana saliendo a hacer todo tipo de compras o llevando a pasear al perro para poder encender un cigarrillo”. Parecido es el caso de quienes dejan de fumar luego de haber enfrentado una hospitalización debida a problemas cardíacos, por ejemplo. Dejan el cigarrillo a causa de la enfermedad y no porque hayan tomado la decisión. Por lo general, regresan a sus casas sin orientación médica respecto del cigarrillo. Ante el primer ataque de ansiedad o de desesperación, la otra enfermedad (la adicción a la nicotina) vuelve a desencadenarse tras la primera pitada. Como resultado, también terminan fumando a escondidas y con la sensación de estar defraudando a la familia. Diagnóstico: El fumador culposo no puede admitirse a sí mismo que fuma. Es como si tuviera una doble vida. Sabe que debe y necesita dejar de fumar, pero se considera un caso perdido. No es así. Simplemente, no contó con el asesoramiento profesional que necesitaba para enfrentar su adicción. Ayudarlo a volver a dejar y no reincidir es devolverle la vida... y la coherencia. |