Identikit del fumador

El enamorado
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Es el que dice:
“A mí me encanta fumar. Sé que tengo que dejar pero, para mí, el placer es enorme.”
“Es el compañero más fiel que he tenido en la vida. Está ahí, al alcance de la mano. Me reconforta cuando lo necesito.”
“El cigarrillo es mi compañero. No sé cómo sería la vida sin él.”
“Si tengo que ir a una reunión familiar en la que no podré fumar, muchas veces prefiero quedarme en casa.”

Diagnóstico: La ideología, en estos casos, está exacerbada por una problemática personal. El “placer” que brinda un cigarrillo después de horas sin fumar no es más que la satisfacción de la necesidad fisiológica, como la de comer cuando se tiene mucha hambre. La soledad de algunas personas se cubre o enmascara con esta seudocompañía. El cigarrillo, en estos casos, no es más que un “mal amor”, un amor no conveniente, pero del cual cuesta separarse. Al dejar de fumar, generalmente se descubre que se pueden satisfacer las necesidades de otra manera o con otras personas o actividades. Se puede encontrar algo más saludable que apasione.