| El cigarrillo en la empresa El cigarrillo en los lugares de trabajo es hoy, indudablemente, un factor de conflicto. Exista o no alguna política al respecto, se trata de un problema complejo. Si como ocurre en la mayoría de las empresas, no existe reglamentación alguna, fumadores y no fumadores deben negociar reglas de convivencia, que dependerán tanto del nivel de consumo del que fuma como del nivel de tolerancia del que no lo hace. El fumador que comparte su espacio con no fumadores es consciente del humo que produce, pero aun así no puede evitarlo (como adicto cada tanto tiempo “debe” consumir la droga). Los no fumadores creen que, en realidad, no quiere evitarlo. El conflicto está presente. Unos y otros tienen intereses encontrados. Si existe alguna política al respecto, y la empresa, por ejemplo, dispone de un sector donde está permitido fumar (generalmente, una escalera o un pasillo), el fumador se traslada varias veces por día a ese lugar, donde se encuentra con otros compañeros fumadores y aprovecha para charlar, tomar café y fumar dos o tres cigarrillos seguidos para no sentir por un tiempo la necesidad de volver a salir. Los no fumadores (que, mientras tanto, siguieron trabajando) pueden sentirse molestos e incluso quejarse por el tiempo que sus compañeros pasaron sin cumplir con sus tareas. La situación empeora si la restricción es total. En este caso, el fumador debe salir a la calle para poder fumar, y el tiempo que deja de trabajar es mayor. Para el que fuma, esta situación constituye una verdadera tortura. Como se trata de una adicción, si demora su salida para no interrumpir el trabajo, llegará a experimentar síntomas de abstinencia y tendrá dificultades para concentrarse en su tarea. |
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