No tenía que dejar de fumar ...
quería dejar de fumar


“Dejar de fumar”, fue una idea que me acompañó toda mi vida de fumadora . Desde de los primeros años sabía que debía dejar el cigarrillo.

Pero nunca antes, como a mis 57 años, exactamente hace cuatro meses, puedo decir que lo he logrado. Soy cuidadosa con este término porque ahora también sé que debo controlar cualquier mínimo deseo de fumar por el resto de mi vida. No sabía que debía convivir con este fantasma, tal vez es lo único que me preocupa porque siempre que logré algo había sido una meta fina l...

Pero bueno, empecemos por el principio:

Empecé a fumar a los 18 años casi sin darme cuenta y a lo largo de todo este tiempo deje de fumar tres veces, siempre por razones externas a mí, por supuesto, siempre reincidí a los tres o cuatro años. Durante estos períodos nunca dejé de pensar en el cigarrillo como algo importante de mi vida, algo que me faltaba y necesitaba para seguir adelante con mis proyectos, estudios, actividades….

La última vez que había dejado de fumar fue porque acompañé a mi marido en esa decisión.
Durante el primer mes sufrí el conocido “síndrome de abstinencia”, es una sensación muy desagradable y parecida a las nauseas de los embarazos, no hay manera de aliviar ese disconforme.
Pasado el mes sufrí una fuerte depresión y luego todo fue entrando en sus causes. Siempre pensé que dejar el cigarrillo no era para mi, motivo por el cual volví a fumar a la primera pitada que se me cruzó por la cabeza después de un tiempo.

Esto fue hace 6 años, siempre fumé de 25 a 30 cigarrillos diarios, no puedo por temperamento controlarme.

Hace un año empecé a pensar que “quería dejar de fumar”, primer paso importantísimo, no tenía que dejar de fumar sino que quería dejar de fumar .
Sabia que necesitaba ayuda y apoyo de alguien o de un grupo, un encuentro con una conocida y una tarjeta en el consultorio de mi ginecóloga me pusieron en contacto con la Dra. Susana Reznik. Cuando la conocí quería empezar ese mismo día, pero el primer consejo de Susana es que debía esperar unos días hasta que se conformara el nuevo grupo y que debía controlar la ansiedad, característica fundamental del fumador.

El 4 de mayo de 2006 a las 19:30 hrs., fue mi primer reunión, recuerdo que estuve la semana previa muy ansiosa y esperaba ese momento como un chico antes de un acontecimiento entre atractivo e incierto.
Desde el primer día quedé atrapada con este trabajo que encaraba. No sé con exactitud qué fue pero salí de esa primera reunión con la convicción que esa gente me podía ayudar. El grupo estaba conformado por 8 personas y tanto Susana como Liliana me gustaron mucho, me parecieron muy profesionales.

El grupo era disímil, yo no había tenido experiencias grupales excepto en tareas de estudio o trabajo pero nunca con fines terapéuticos. La sensación de estar todos en la misma búsqueda me pareció muy fuerte, un tema tan concreto: dejar de fumar, pero de tanto peso para nuestra salud, calidad de vida, futuro, vínculos afectivos y sociales, etc. nos unía en un hilo intangible y certero.

A partir de ese día empezó un proceso de plena concientización de los efectos del cigarrillo, de cómo irrumpía minuto a minuto en nuestras vidas.Ahora en el tiempo me doy cuenta que no fue hablar desde un lugar común sino que a través de los ejercicios o de las mismas charlas, o por lo que cada uno iba contando ...

Susana y Liliana llevaban el tema a un lugar donde el cigarrillo tomó al principio, por lo menos en mí, la dimensión de un halo que me envolvía toda, no sólo literalmente por el humo y el olor sino que estaba metido y presente en cada rincón de mi vida diaria y en el dormir inclusive.
Recuerdo que en uno de los ejercicios tuve la imagen de la figura de “ El grito “ de Munch, muchas interpretaciones podría hacer de esa imagen presente en mi al pensar en el cigarrillo. Pero en realidad me sirvió para visualizar de manera rápida dos cosas: que yo pedía ayuda y que algo me quería sacar de adentro.

Con esta plena convicción de mi deseo de sacarlo de mi vida llegó el día D: sábado 13 de mayo a las 12 de la noche el grupo se había comprometido a dejar el cigarrillo para siempre. Tanto mis hijas, amigos y colaboradores de mi estudio y obra me apoyaban plenamente. Todo el mundo sabía que Silvia dejaba de fumar. Fue muy excitante hablar o escribirnos por mail con mis amigos del grupo (amigos son aquellas personas que comparten con nosotros algo importante) ese sábado durante el día y la tarde preparándonos para ese momento. Esa noche dormí poco, el domingo transcurrió muy tranquilo pero durante toda esa primera semana toda mi energía estuvo puesta en controlar la impulsividad de tomar un cigarrillo. Lo tomé seriamente como un trabajo, ésto me ayudo mucho, sabía que controlarme era lo más importante de mi vida en ese momento. Nada era más importante y así lo hice. Transcurrida la primer semana me sentí deprimida y cansada, el esfuerzo era enorme, la tensión nerviosa también, y yo sentí que las cosas debían volver a su curso pero sin el cigarrillo. No había dejado de hacer nada de lo que tenía que hacer, trabajo, etc., pero este tema ocupaba el 90% de mi libido.

Durante esa semana me armé de tal manera que si veía a alguien fumar o veía publicidades, me repetía lo malo del cigarrillo, era como un ejercicio. Nunca me dije qué pena que no fumo más, sino qué bueno lo que estoy haciendo. Actué como un tutor con un niño al que hay que explicarle los peligros de algunas cosas.

El punto de inflexión fue una noche de sábado a los 15 días. Estaba sola en mi casa a las 10 de la noche. Había comido, miraba televisión y me dije : por qué tanto esfuerzo, ya tenía muchas responsabilidades y cosas para afrontar sola, mejor dejar todo este tema y volver a fumar. En ese momento me di cuenta por primera vez en 30 años de fumadora que el cigarrillo no me iba a resolver el problema que me ponía triste o sola, sólo lo podía agravar, la sensación de placer dura sólo un minuto o menos. ¡Cuánto enmascara el cigarrillo! , siempre lo había sentido como algo que me ayudaba, como un sostén, nunca como una nube que no me dejaba ver.

Recuerdo que fui al grupo muy contenta, y allí algunos de mis amigos habían tenido algún traspié y la frase era que dejar de fumar era muy difícil. Esa noche les dije que si existiese un curso de 1 mes donde tuviésemos que hacer el esfuerzo de hacer cosas que no nos gustan durante ese tiempo, pero que luego lograríamos la felicidad que buscamos, estoy segura que lo haríamos, Lamentablemente ese curso no existe, pero Aire Libre: SI, por lo menos para mi dejar de fumar con este método fue fácil.

Una de mis mayores sorpresas fue experimentar el enorme placer que me produce poder hacer todo lo mismo que hacía antes pero sin fumar.
Antes pensaba que eso era imposible y que al dejar el cigarrillo iba a cambiar muchas cosas.
Sí, cambié pero todo es MEJOR. Creo que no es necesario contarlo porque no todos pueden imaginar que en el dejar de fumar todas son ganancias. Después de ese 13 de mayo debo decir que nunca lo extrañé, nunca deseé volver a sentir el humo en mi boca, no lo siento como algo familiar que ya no tengo sino como algo nocivo que por suerte no forma parte de mi vida.

Han pasado 4 meses, es muy poco tiempo, pero debo decir que estoy muy contenta. No quiero volver a fumar más en mi vida y sé que una parte mía deberá estar alerta siempre, por ahora tengo el libro de “El placer de no fumar nunca más…” al lado de mi cama y cada tanto lo releo, no me quiero equivocar y olvidarme de las cosas que aprendí.

[ Volver ]
Silvia Godoy Colombo
Arquitecta